VIDA Y OBRA DE SAN VICENTE DE PAUL

11.09.2017 10:53

Como cada año, en el mes de septiembre recordamos con mayor énfasis la vida y obra de San Vidente de Paul. Para muchos cristianos su testimonio ha sido fuente de la inspiración espiritual para llegar a los más necesitados. Del 23 de septiembre al 1ero de octubre conmemoraremos la semana San Vicente de Paul.

 

VIDA

En el seno de una familia muy cristiana que vivía en el suroeste de Francia, nace Vicente el 24 de abril de 1581. A los pocos días de haber nacido sus padres lo bautizaron. Su padre Juan de Paul y su madre Beltrana de Moras, eran humildes campesinos. Vicente a corta edad comenzó a contribuir en el trabajo familiar desempeñándose como pastor de ovejas y cerdos. Era una familia modesta, de esfuerzo, acostumbrados a una vida dura y austera.

Cursó los estudios primarios, secundarios y posteriormente se preparó en filosofía y en teología durante siete años. Se ordenó a los 20 años con la intención de ser párroco. Vicente tenía habilidades para relacionarse con las personas, para él era fácil hacerse de amistades. Pasó a ser un niño con un amplio bagaje cultural, era muy exitoso en sus estudios y a los 12 años impartía clases a otros niños de la alta sociedad.

A los 15 años recibió las órdenes menores que eran el primer paso en la carrera eclesiástica. A los 19 años era sacerdote, él veía esta vida cristiana como un medio para llegar a los más vulnerables.

En 1606 fue capturado por piratas en un viaje a Narbona y fue vendido como esclavo en Túnez. Logró huir y regresó a Francia. Ese mismo año se le entrega inesperadamente la administración de un convento de monjes cistercienses en donde recibiría un alto monto de dinero. Era un difícil momento en su vida, pues necesitaba ayudar económicamente a su familia y así lo hizo, como también entregó su fortuna al Hospicio de la Caridad. Por 20 años fue párroco y capellán de una familia aristocrática. 

 

LEGADO

Desde muy pequeño a Paul lo recordaban como el niño que repartía comida a los pobres que encontraba en el camino. Algunas veces era harina, otras veces su colación y así fue abriendo su corazón a la caridad hacia el más necesitado.

En el año 1617 fundó la primera Confraternidad de la Caridad conformada por mujeres que ayudaban a enfermos y a pobres. Posteriormente fundó la Congregación de la Misión dedicada a predicar entre los campesinos y en 1626 estableció una de sus comunidades en el College des Bons-Enfants de Paris. También creó muchas organizaciones altruistas como las Hermanas de la Caridad.

De todas sus obras, la que más sensibilizó como un legado fue el abordaje que hizo a los niños abandonados. Los niños hicieron a San Vicente de Paul como el Padre de los pobres. En esa época, el único escape de las madres solteras era el abandono de sus hijos, pues eran tiempos de apariencias del pecado y se veía con mucha frecuencia el abandono en las iglesias. En este sentido, Vicente decidió asumir la responsabilidad y recibió a todos los niños expósitos. La gran dificultad era el dinero para mantenerlos, dado que había 200 o 300 niños en abandono y ante esto, Vicente manifestó “haremos lo que se pueda, honraremos al Padre Eterno, que entregó a su hijo a mercerd del mundo y lo sometió a la persecución de Herodes”.

San Vicente de Paul hizo que toda su vida girara en torno a la caridad, a la ayuda del más necesitado. Falleció a los 79 años repitiendo “hay que terminar lo empezado". En este contexto, el Padre Javier Manterola, Párroco de la Parroquia San Vicente de Paul expone “desde el día de su muerte, miles de fieles revivimos el espíritu de la caridad por los más vulnerables con la finalidad de seguir avanzando en la obra y legado que nos dejó San Vicente de Paul”.